viernes, noviembre 4

fez
















Cinco horas de viaje desde Chouen en Marruecos y entramos en el corazón amurallado de la 'medina', como se le llama al casco antiguo. Muy vivo y enérgico, calles complejas repletas de tiendas que al anochecer cierran y se transforman en viviendas herméticas. Fez vive del comercio y las invitaciones a tomar el 'whisky marroquí' (té de menta) y negociar son innumerables. Sólo confiamos en un guía de entre los que se ofrecen en gran número: Mohamed, un niño como muchos que en el tiempo fuera del colegio muestran la ciudad y aprenden idiomas. Un largo recorrido por calles laberínticas visitando la mezquita, los talabarteros, los tejedores y los teñidores. Todos oficios que se mantienen y funcionan a gran escala. En un lugar accedí al ritual del té y luego de mucho hablar llegamos a un acuerdo en el precio de un cubrecama de pelo de camello, un tercio del precio inicial. Todo se regatea y siempre se empieza por un valor muy alto al real.

jueves, noviembre 3

amor

Ronda y se inmiscuye en todo
flota como el aire y fluye como el agua
siempre está ahí cuando no queremos verlo
siempre nos abofetea cuando se nos olvida respirar
su aire
nos aplasta y nos ahoga con miles de toneladas
sobre nuestros cuerpos que aguantan estóicos
comprimidos y reducidos a nada
nada comparable a la inmensidad del amor
que borbotea y confluye en un sólo punto
en millones de puntos a la vez.
Nos arrastra dormidos plácidamente sobre su superficie
en la vida del río que se amolda a lo que encuentra a su paso
y cae cuando tiene que caer
pero jamás se detiene
y avanza hasta encontrar la profundidad de la tierra
o a ser parte de los acéanos.
No podemos hacer nada para defendernos
no podemos elegir, nos encuentra
nos destruye en nuestros miedos
desmenuza la carcaza de barro y estiercol
que nos empeñamos en crear.
Qué odioso. Qué jodido.
Está bien, me rindo.