
Cinco horas de viaje desde Chouen en Marruecos y entramos en el corazón amurallado de la 'medina', como se le llama al casco antiguo. Muy vivo y enérgico, calles complejas repletas de tiendas que al anochecer cierran y se transforman en viviendas herméticas. Fez vive del comercio y las invitaciones a tomar el 'whisky marroquí' (té de menta) y negociar son innumerables. Sólo confiamos en un guía de entre los que se ofrecen en gran número: Mohamed, un niño como muchos que en el tiempo fuera del colegio muestran la ciudad y aprenden idiomas. Un largo recorrido por calles laberínticas visitando la mezquita, los talabarteros, los tejedores y los teñidores. Todos oficios que se mantienen y funcionan a gran escala. En un lugar accedí al ritual del té y luego de mucho hablar llegamos a un acuerdo en el precio de un cubrecama de pelo de camello, un tercio del precio inicial. Todo se regatea y siempre se empieza por un valor muy alto al real.