viernes, octubre 20

el muro















El muro se encontraba en un deterioro ancestral. Acercarse era como hacer las paces con ese gran monstruo que amenazaba, desde lejos, un paisaje lúgubre y frío. Una amenaza pétrea que lloraba sus miedos apenas uno tocaba su corroída superficie. Una mezcla entre rencor y lástima siempre era la que me obligaba a mirarlo e ir a exigirle cumplir su promesa de cobijo, de hermano mayor perdido, de inalcanzable presencia. Sentado una vez, con mi espalda sobre el moho, me di cuenta de su debilidad. Lo vi esconderse tras un pequeño bosque y utilizar las ramas para tratar de esconder su rigidez, su vergüenza de haber permitido ser pintado con colores pálidos, casi transparentes, quizás maliciosamente con ganas de hacerlo desaparecer. Desilusionado le lancé con rabia una piedra que rechazó ofendido. Lo vi sangrar inmóvil, ensimismado en su eterno silencio.