
Esteban estuvo dando vueltas, como le gusta siempre darlas, por paisajes más lejanos que los nombrados en los acordes de Patricio Manns. Llegó a Barcelona para un festejo y otorgó festejo a quienes lo recibieron. Cantó, bailó y se enamoró nuevamente, pero ahora de una ciudad amable que con tardes de lluvias y mañanas de sol te reseca y alivia armonías del corazón. En esta foto un agradecimiento por la visita de un amigo que vive muy cerca, aquí no más cruzando el charco, al ladito de los Andes.